Ve a tu armario. Cuenta cuántas camisetas tienes que hablen de tu conexión con África.
Seguro que encuentras una que pone Los Ángeles, London o París —ciudades donde quizá no has estado nunca. ¿Y de lo tuyo? A mí me pasaba igual: ninguna. Llevamos toda la vida vistiendo el orgullo de sitios que no son nuestros. Ayong nació de esa falta.
Ayong significa "clan" en fang
Antes de que a África la dividieran con una regla y un compás sobre un mapa —en una sala de Europa, sin preguntarle a nadie de aquí— no nos organizábamos por fronteras. Nos organizábamos por clan. Por gente que se debía cuidado. El bienestar no era mío ni tuyo: era nuestro. Nadie llega a ser nada solo.
Yo nací en Malabo, en la isla de Bioko Norte, Guinea Ecuatorial. Y aun así, nunca he pisado Akoníbe, el pueblo de la familia de mi padre. Nunca he caminado por Niefang, de donde viene la de mi madre. Y esos dos sitios son parte de la razón de que yo exista.
Esa es la historia de muchos de nosotros: llevar dentro una tierra que no hemos tocado del todo. Pertenecer a un lugar y echarlo de menos a la vez. La llevo puesta. Y ahora, quizá, tú también.